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Un nuevo Vía Crucis artístico en la Basílica de San Pedro

La Basílica de San Pedro inaugura un nuevo Vía Crucis artístico del pintor suizo Manuel Dürr, reflejando la Pasión de Cristo.

La obra de Manuel Dürr será un nuevo símbolo durante la Cuaresma.
El Via Crucis es obra del pintor suizo Manuel Dürr, de 36 años. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News / Foto: Especial

Vaticano, Ciudad del Vaticano. - La Basílica de San Pedro inauguró un nuevo Vía Crucis artístico el 20 de febrero, conmemorado cuatro siglos después del inicio de su construcción moderna. Esta obra significativa está diseñada por el pintor suizo Manuel Dürr, de 36 años.

El proyecto fue seleccionado entre más de mil propuestas de ochenta países tras un concurso internacional lanzado en diciembre de 2023. Dürr ganó el certamen, recibiendo un premio de 120.000 euros y fue elegido por su capacidad para evocar una mirada espiritual novedosa hacia la Pasión de Cristo. El Vía Crucis está compuesto por 14 óleos, cada uno de 1,30 por 1,30 metros, que retratan los últimos momentos de Jesús.

La selección del trabajo resalta el "equilibrio y la fuerza expresiva" de la obra, así como su "lenguaje pictórico potente e inmediato", con inspiraciones que combinan el Renacimiento y elementos contemporáneos. Durante la inauguración, Dürr expresó que la tarea de pintar a Jesús era un desafío, dado el significado profundo que tiene para millones de personas.

El artista trabajó intensamente durante ocho meses en estos lienzos, siendo consciente de su destino litúrgico y el entorno significativo en el que se presentarían. Inspirado por los colores del suelo de la Basílica de San Pedro, su intención fue sumergirse humildemente en la rica tradición visual que rodea el misterio de la fe cristiana. Aunque no es católico, Dürr se describe como teológicamente cercano a la fe, lo que influyó en su proceso creativo.

La crucifixión de Jesús, representada como el eje central del Vía Crucis, fue el primer y último cuadro que pintó, simbolizando la transformación de un instrumento de terror en un emblema de esperanza. La obra de Dürr espera servir como una “pequeña puerta de entrada” al misterio de la fe cristiana para los visitantes de la Basílica durante la Cuaresma.

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