Ciudad del Vaticano. - Durante la oración del Ángelus, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre el Evangelio de las Bienaventuranzas, describiéndolas como “luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia”. El Santo Padre destacó que estas enseñanzas revelan el proyecto de salvación que Dios realiza a través de su Hijo.
León XIV enfatizó que “en el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, escrita en los corazones”. Resaltó que, a pesar de las dificultades del mundo, esta ley divina renueva la vida y la hace plena. El Pontífice señaló que solo Dios puede llamar bienaventurados a los pobres y afligidos, extendiendo su amor infinito a toda la humanidad.
El Papa también abordó las paradojas de las Bienaventuranzas, un mensaje que puede sorprender a quienes mantienen una visión superficial de la felicidad. Afirmó que las palabras del Señor iluminan el sentido de la historia, que no está marcada solo por los vencedores, sino por la redención de los oprimidos. "Quien espera que los poderosos dominen se sorprenderá con esta enseñanza", añadió.
León XIV citó a su predecesor, el Papa Francisco, subrayando la importancia de no seguir a los “profesionales del ilusionismo”, quienes no ofrecen verdadera esperanza. En contraste, Dios otorga esperanza a aquellos a menudo descartados por la sociedad. Esta perspectiva invita a la reflexión sobre el sentido real de la felicidad en nuestras vidas.
Concluyó su catequesis invitando a los fieles a examinar su comprensión de la felicidad. Las Bienaventuranzas nos retan a considerar si la felicidad es un bien que se adquiere o un don que se comparte. León XIV resaltó que la verdadera alegría proviene de una relación constante con Dios, quien transforma las pruebas en esperanza y redención.