Mérida, Yucatán. - Un alarmante 83% de los cenotes monitoreados en Yucatán presentan contaminación, principalmente por coliformes fecales de origen humano y animal. Esta situación resulta crítica para el acuífero kárstico que abastece a la región, el cual enfrenta un grave riesgo por diversas actividades humanas.
Investigaciones han revelado que de los 3,100 cenotes registrados, 60 han sido evaluados y la contaminación se presenta en niveles superiores a los permitidos para el consumo. Están involucradas comunidades como Kinchil y Chocholá, donde se han hallado trazas de contaminantes vinculados a granjas porcícolas. El espeleobuceador Sergio Grosjean Abimerhi enfatiza que los problemas son inmediatos y sin precedentes.
La estructura geológica del acuífero, compuesta por rocas altamente permeables, facilita la rápida infiltración de contaminantes. Los escurrimientos urbanos y las aguas residuales también contribuyen a esta crisis, generando una fecalización del subsuelo. Las granjas, a menudo sin un adecuado control, son señaladas como responsables fundamentales del deterioro, evidenciado por estudios de la Universidad Johns Hopkins y de la UNAM, que encontraron materia fecal porcina en varias fuentes de agua potable.
Con el crecimiento inmobiliario en Mérida, la situación empeora. La demanda habitacional incrementa la generación de desechos y, por ende, la presión sobre el acuífero. Investigadores han advertido que estudios recientes han detectado contaminantes peligrosos, como cadmio y mercurio, superando límites establecidos. La continua negativa institucional para abordar esta problemática ha dejado a miles de personas en riesgo de salud.
Con la complicidad de la falta de regulación y la presión urbana, la pregunta clave es: ¿cuánto tiempo puede resistir el acuífero antes de presentar daños irreversibles?