Saltillo, Coahuila. - En el año 1846, la botica de Don Antonio Goríbar, ubicada frente a la Plaza de la Independencia, se convirtió en un punto clave de la vida diaria. Mientras los rumores sobre la llegada de tropas estadounidenses se multiplicaban, esta botica sirvió como un refugio de noticias y conversaciones entre los salteños.
Don Antonio, conocido por su puntualidad, iniciaba sus días temprano, barriendo la entrada de su establecimiento. La rutina se interrumpió el 19 de septiembre, cuando un lechero trajo la inquietante noticia de que los estadounidenses se habían movido desde Monterrey hacia Saltillo. La presencia del "inicuo invasor" comenzaba a generar desasosiego entre la población.
El lechero, en cambio, compartía una visión diferente, describiendo a los soldados como personas civilizadas que pagaban bien por los suministros. La actitud de los estadounidenses, lejos de ser amenazadora para muchos, incluía un respeto hacia las propiedades locales, lo que generaba una reacción ambivalente en la comunidad.
Don Antonio, patriota ferviente, se mostraba preocupado por la situación. Su amor por México chocaba con el relato del lechero, que resaltaba las ventajas económicas que la llegada de los americanos podía traer. La angustia e indignación del boticario contrastaban con las observaciones del comerciante, evidenciando las diferentes posturas ante la invasión.
La historia de la botica en Saltillo se torna un testimonio de la compleja relación entre la necesidad de supervivencia y el sentido de patriotismo. Se avecinaban tiempos difíciles y la gente, a pesar de sus temores, se adaptaba a los nuevos tiempos. La figura de Don Antonio Goríbar surge como un símbolo de resistencia en momentos de incertidumbre.