Nohalal, Yucatán. - La apicultura maya enfrenta una crisis alarmante tras la muerte de ocho millones de abejas en los últimos tres años, atribuida al uso de plaguicidas altamente peligrosos como el fipronil. Los daños económicos llegan a aproximadamente 465 mil pesos, y 99 colmenas están envenenadas.
Estudios realizados por el Colegio de la Frontera Sur confirmaron riesgos altos por la contaminación con fipronil, un insecticida letal para polinizadores. Monumentales cantidades de la toxicidad se encontraron en la zona, pero hasta el momento, ningún productor ha recibido compensación ni se han sancionado a los responsables de la fumigación aérea que afecta los apiarios.
El problema se expande más allá de Nohalal. De 2023 a 2025, se ha registrado la muerte masiva de abejas en otras comunidades mayas de la región, como Hopelchén y Tizimín, donde plaguicidas como el clorpirifos también han causado estragos. Este patrón de desatención continúa, generando pérdidas económicas para las familias apicultoras.
A la crisis por plaguicidas se suma la presión por el cambio de uso de suelo, con desmontes ilegales que afectan los hábitats de las abejas. A pesar de las clausuras por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), los desmontes persisten, exacerbando el deterioro del ecosistema y de la apicultura.
La Alianza Maya por las Abejas Kabnalo’on advierte que sin acciones efectivas para prohibir plaguicidas y proteger la apicultura, este sector podría desaparecer en pocos años. Los apicultores exigen políticas que prioricen su supervivencia, mientras las cifras de miel exportada aumentan, pero sin beneficios reales para los productores.