Mazatlán, Sinaloa. - En el fraccionamiento El Toreo, la casa marcada con el número 118 de la calle Jesús Solórzano se ha convertido en un símbolo de la desesperanza. Aquí han desaparecido tres personas en momentos diferentes, entre ellas Juan Carlos Acosta Rodríguez, quien dejó de aparecer el 9 de abril de 2025.
La madre de Juan Carlos, Neivi Rodríguez, ha estado pegando calcas con su imagen en el barandal, reclamando justicia. La casa, originalmente un inmueble que se rentaba a través de Airbnb, guarda historias trágicas y silencios que resuenan en la comunidad. En este mismo lugar, sucumbieron María Cecilia Berrelleza Flores y Cristina Pérez Salas en circunstancias igualmente inquietantes.
Neivi ha buscado respuestas por su cuenta, tocando puertas en la calle Jesús Solórzano y recolectando información que las autoridades no han proporcionado. Ha afirmado que el 16 de marzo de 2024, elementos de la Marina y el Ejército realizaron un cateo en la vivienda, asegurando armas. A pesar de esta operación, la angustia persiste, y Neivi continúa sin intervención significativa de la Fiscalía General del Estado.
Más de un año después de la desaparición de su hijo, Neivi rechaza el miedo a pesar del riesgo latente en la zona. Su lucha es por la verdad y la justicia, enfrentándose a la falta de respuestas oficiales. Las historias de Juan Carlos, María Cecilia y Cristina confluyen en esta casa, recordando a las familias de los desaparecidos que la búsqueda de justicia es un camino solitario y lleno de desafíos.
La situación en El Toreo resalta la urgencia de abordar el tema de las desapariciones en México. A medida que las familias continúan su búsqueda, se hace evidente que la necesidad de un cambio en las políticas de atención a víctimas es más crucial que nunca.