Sabán, Quintana Roo. - La historia de las vírgenes de la Candelaria y Soterraña revela un vínculo profundo entre la religiosidad popular y la identidad cultural. Ambas representan no solo la fe, sino también un cruce de tradiciones entre España y México.
La Virgen de la Candelaria, originaria de Tenerife, España, es celebrada el 2 de febrero con fervor en diversas comunidades, incluyendo las de Yucatán. Simboliza luz y esperanza, resonando profundamente en los corazones de los católicos yucatecos. Por otro lado, la Virgen de la Soterraña proviene de Real de Nieva, Segovia, y, al igual que su homónima, encarna una esencia espiritual y maternal.
La llegada de la Virgen de la Soterraña a la península yucateca es parte de la historia colonial, donde se fundieron el arte y la fe. Esta imagen se encuentra en templos como los de Chikindzonot e Ichmul, así como en Sabán, y los altorrelieves que la representan son testigos de la devoción que unió a colonizadores e indígenas. El libro "100 joyas del arte sacro de la península de Yucatán" destaca su relevancia cultural y religiosa.
El culto a la Virgen de la Soterraña fue promovido por el sacerdote Juan Manuel Rosado, quien erigió templos y propulsó su veneración. A pesar de las similitudes iconográficas, cada figura tiene historias y tradiciones propias que reflejan la riqueza de la fe católica en la región. La festividad de la Soterraña, celebrada el 8 de septiembre, ha contribuido a su arraigo en la comunidad.
Ambas vírgenes son símbolos de esperanza y fortaleza que han traído consuelo a los fieles a lo largo del tiempo. La conexión entre estas dos advocaciones no solo radica en su historia, sino también en la forma en que representan una búsqueda común por la fe y la salvación, uniendo las culturas de distintas épocas.