Progreso, Yucatán. - La erosión costera en Yucatán ha avanzado de manera alarmante en los últimos dieciocho meses, afectando a playas clave de la región. Familias y comerciantes lidian con la realidad del mar que se acerca a sus puertas, lo que pone en riesgo su sustento y estilo de vida.
Este fenómeno no es reciente, sino resultado de decisiones tomadas a lo largo de cuatro décadas, que han interrumpido la dinámica natural de la costa yucateca. Investigadores de la UNAM y otros organismos han coincidido en que el litoral enfrenta una crisis por las obras de infraestructura que han modificado las corrientes marinas y el flujo de sedimentos, exacerbando la pérdida de playa.
La construcción del muelle en Progreso, iniciada en 1985, buscó modernizar la zona, sin embargo, su extensión ha interferido con el transporte natural de sedimentos. La científica Gabriela García Rubio del Cicese señala que esta construcción ha generado una distribución desigual de arena, resultando en erosión severa en localidades como Chelem y Chicxulub. A pesar del reconocimiento del problema por parte del gobierno, las ampliaciones del puerto no se han detenido, intensificando el daño.
La situación se ha vuelto más crítica con dragados recientes que aceleraron la erosión en el malecón de Progreso. Testimonios de comerciantes indican que el impacto económico es visible: menos visitantes y pérdidas significativas en ingresos. Además, un amparo interpuesto por defensores ambientales señala irregularidades en los permisos y la falta de una evaluación adecuada del impacto en el ecosistema.
En las últimas cuatro décadas, el litoral ha perdido un promedio de 19 metros de playa, con retrocesos anuales que superan los seis metros en áreas vulnerables. La falta de barreras naturales debido al desarrollo rural y urbano ha incrementado la vulnerabilidad de la costa. Mientras el mar consume el litoral, diversas comunidades enfrentan un futuro incierto.