Saltillo, Coahuila. - La Diócesis de Saltillo ha sido testigo de importantes transformaciones desde su fundación, reflejando la historia religiosa de la región. Desde 1924, enfrentó la persecución religiosa que resultó en la expulsión de 25 sacerdotes, incluido el obispo, quien fue encarcelado en la Ciudad de México.
Este conflicto culminó en 1929 con una declaración del presidente Portes Gil, que marcó el fin de la persecución, restableciendo la normalidad eclesiástica. En los años posteriores, regulaciones gubernamentales limitaron la cantidad de ministros religiosos por municipio, formalizando su registro ante la autoridad correspondiente.
Durante la década de 1940, la diócesis amplió su presencia, sumando 30 parroquias y 2 viceparroquias, lo que reflejó su crecimiento constante. En 1949, el obispo Luis Guízar Barragán fue designado como coadjutor, y al fallecer el obispo José Ma. Echavarría en 1954, Guízar asumió definitivamente el liderazgo.
En 1973, la Diócesis contaba con 39 parroquias y estaba estructurada en 4 foranías y una vicaría. La renuncia y fallecimiento del obispo Luis Guízar en 1981 condujeron a la llegada del obispo Francisco Raúl Villalobos Padilla, quien tomó posesión en 1975. Al cierre de la década de 1970, la diócesis estaba organizada en 5 vicarías, reflejando su adaptabilidad a las necesidades locales.
La Diócesis de Saltillo continúa en proceso de crecimiento y adaptación, con una rica historia que resuena hasta el presente. Mañana se presentará la continuación de esta historia significativa para la región.