Progreso, Yucatán. - El ecosistema de manglares en Yucatán ha perdido un 8% de su cobertura en las últimas décadas, un efecto directo del crecimiento inmobiliario y la ocupación irregular. Este deterioro limita la capacidad de la costa para protegerse de fenómenos climáticos extremos.
El manglar actúa como una barrera natural, protegiendo la costa contra huracanes e inundaciones. Sin embargo, la intervención humana, como el relleno de terrenos y el desarrollo urbano, ha alterado este delicado equilibrio. Esta situación se ha vuelto crítica en áreas como la comisaría de Chelem, donde la presión de la construcción ha escalado.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) llevó a cabo operativos que revelaron prácticas ilegales, como el desmonte y las modificaciones en el humedal. Aunque las acciones de clausura buscan frenar el daño ambiental, evidencian un problema más amplio presente en el litoral yucateco.
Yucatán alberga cerca del 60% de los manglares de México, con alrededor de 4.8 millones de hectáreas. Estos ecosistemas son vitales no solo para la biodiversidad, sino también para la economía local, ya que protegen actividades como la pesca. La demanda por terrenos frente al mar ha aumentado, exponiendo aún más a los manglares a riesgos significativos.
La situación actual subraya el dilema entre desarrollo y conservación. Las intervenciones ambientales son necesarias, pero deben ir acompañadas de un plan claro que preserve la integridad de estos ecosistemas. La afectación de los manglares impacta no solo en la biodiversidad, sino también en la sostenibilidad de las actividades productivas de la región.