Ciudad de Buenos Aires, Argentina. - La renuncia de Carlos Casares como interventor del Enargas pone en evidencia las prácticas detrás del nuevo esquema regulatorio del sector energético. El proceso, que busca modernizar el sistema, ha sido calificado como cerrado y discrecional. Se vislumbra una intención del Gobierno de asegurar el control en manos afines.
La oficialización de la salida de Casares fue publicada en el Boletín Oficial junto con la designación de Marcelo Alejandro Nachón como su sucesor. Casares presentó una extensa carta de renuncia, donde elaboró 21 logros en su gestión, pero enfatizó que ya no contaba con el respaldo de la Secretaría de Energía, lo que le hizo imposible continuar en el cargo.
El Gobierno argentino ha prometido un proceso regulatorio transparente, pero la selección del nuevo-leon/">nuevo liderazgo del ente ha sido cuestionada. No se realizaron convocatorias públicas amplias ni se formuló un comité independiente para evaluar a los candidatos. En cambio, se conformó un consejo que ha priorizado criterios subjetivos en la elección.
Se conoce que el nuevo ente, que comenzará a funcionar en marzo, ha presentado nombres al Congreso. De no obtener una respuesta en 30 días, las designaciones se convertirán en permanentes. Mientras tanto, el organismo enfrenta la complicada tarea de implementar subsidios focalizados sin autoridades confirmadas. Lamboglia, nombrado presidente, ya tiene el liderazgo efectivo, dejando el futuro del sector bajo su control.