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Un año del apagón que dejó sin luz a 36 millones en la península

Un año después del apagón que afectó 36 millones en la península, se analizan sus consecuencias y aprendizajes sobre emergencias energéticas.

La crisis energética generó pérdidas, incertidumbre y un fallecimiento en Tronchón.
de archivo de un comercio de Alcañiz trabajando hace un año./ L.C / Foto: Especial

Municipio, Estado. - Un año ha pasado desde el gran apagón del 28 de abril de 2025 que afectó a casi toda la península Ibérica, dejando sin luz a 36 millones de personas. Localidades como Caspe y Alcañiz tardaron horas en recuperar el suministro, mientras muchas se enfrentaron a situaciones críticas.

El incidente evidenció el impacto del apagón en diversos sectores. En el Hospital de Alcañiz, las operaciones programadas fueron canceladas y solo se realizaron las urgentes. La falta de electricidad complicó el acceso a historiales médicos, lo que obligó a un celador a anotar manualmente las urgencias. La incertidumbre también afectó a residencias de ancianos, donde la falta de energía amenaza la vida de quienes dependen de equipos médicos.

Los establecimientos farmacéuticos tuvieron que adaptar sus prácticas a la emergencia. En Alcañiz, la Farmacia Clavera operó con linternas y ofreció medicamentos en papel, dado que no podían acceder a recetas electrónicas. La imposibilidad de aceptar pagos con tarjeta llevó a muchos a recurrir al efectivo para poder abastecerse de medicamentos, un reflejo de la vulnerabilidad del sistema.

El transporte también sufrió, con trenes atrapados en las vías aragonesas y gasolineras sin servicio. Aunque el caos en ciudades no se reprodujo, la ruta hacia Chiprana fue un punto crítico para los viajeros. Algunas gasolineras comenzaron a utilizar generadores para reanudar operaciones, permitiendo que vehículos municipales fueran los primeros en repostar.

El apagón no solo dejó lecciones sobre la importancia de tener suministros básicos, sino que también resaltó las debilidades presentes en la infraestructura urbana y rural. Con un año transcurrido, el fenómeno plantea un cuestionamiento sobre la preparación de la sociedad ante emergencias energéticas. Las autoridades deberán evaluar estrategias para mejorar la resiliencia de los servicios esenciales ante posibles crisis futuras.

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