Por: Dra. Dinorah Moreno Marañ´ón
Durante años se ha dicho que los jóvenes son “nativos digitales”, como si dominaran la tecnología de forma natural. Sin embargo, esta idea no es del todo cierta. Aunque muchos usan redes sociales con facilidad, no todos tienen las mismas habilidades. Algunos crean contenido o entienden cómo funcionan las plataformas, pero otros solo consumen información sin cuestionarla. Además, no todos tienen el mismo acceso a internet o dispositivos, lo que genera desigualdades importantes.
El hecho de que prefieran redes sociales no significa que confíen en todo lo que ven. Muchos jóvenes saben que existe desinformación y les preocupa no poder distinguirla. Aunque usan herramientas como la inteligencia artificial para tareas simples, también desconfían de su uso en temas delicados. Esto muestra que no son ingenuos frente a la tecnología, sino que reconocen sus riesgos.
También es común que conozcan mucho sobre influencers o creadores de contenido, pero no sepan diferenciar entre una opinión y una noticia. Algunos incluso desconocen cómo proteger su privacidad en línea. Por eso, es fundamental que la educación incluya temas como verificación de información, uso responsable de datos y comprensión de algoritmos. Este aprendizaje debe comenzar tanto en la escuela como en casa.
Por otro lado, la transparencia en los gobiernos muchas veces se queda en el discurso. No basta con hablar de ella o publicar información; lo importante es que las personas entiendan cómo se toman decisiones y cómo se usan los recursos. La verdadera transparencia permite a los ciudadanos comprender lo que sucede y exigir responsabilidades.
Hoy en día, la opacidad no siempre es silencio, sino exceso de información. Documentos largos, datos confusos y lenguaje complicado pueden ocultar lo esencial. Los jóvenes, acostumbrados a comparar y cuestionar, detectan estas inconsistencias con facilidad. Por eso exigen claridad, aunque no siempre lo expresen en términos técnicos.
Finalmente, la falta de transparencia afecta la confianza y la vida diaria de las personas. Cuando la información no es clara, surgen rumores y desinformación. Por eso, más que mostrar datos, los gobiernos deben explicarlos de forma sencilla. Solo así se puede construir una ciudadanía informada, crítica y capaz de participar activamente en la democracia.