Ciudad de México, Ciudad de México. - La sobreexplotación de acuíferos en México se ha convertido en un desafío crítico para la seguridad hídrica nacional. Desde 1975, el número de acuíferos sobreexplotados ha crecido de 32 a 114 en 2023, reflejando una grave crisis ambiental.
Esta problemática comenzó alrededor de 1930, impulsada por la necesidad de abastecer a la Ciudad de México y por el desarrollo agrícola en zonas áridas. Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), los acuíferos más afectados están en regiones estratégicas como Lerma-Santiago-Pacífico, Cuencas Centrales del Norte y el Noroeste. Estas áreas producen aproximadamente el 58 % del agua subterránea extraída.
La investigadora Carmen Julia Navarro, de la Universidad Autónoma de Chihuahua, destaca que la sobreexplotación no se reduce a la cantidad de agua extraída. Señala que la gestión inadecuada ha normalizado este problema, debilitando su valor como señal de alerta en la política hídrica del país. Esto se traduce en un aumento de los conflictos entre usuarios.
Desde los años setenta, la gestión de acuíferos se ha basado en balances anuales entre precipitación y extracción. Sin embargo, Navarro sostiene que este modelo se ha quedado corto en su efectividad. A diferencia de las presas, la recarga de acuíferos no es inmediata, lo que genera una discrepancia entre las proyecciones y la realidad, llevando a una sobreestimación de sus reservas.
Diversos estudios, como el publicado por la ingeniera Ana Carolina Quiroz en 2022, han corroborado que la explotación acelerada impide la recuperación de los niveles de agua subterránea, provocando una disminución constante en el almacenamiento de los acuíferos.