Hormuz, Omán. - El cierre del Estrecho de Ormuz ha generado consecuencias inmediatas en la economía mundial tras el reciente conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. Este estrecho, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, ha sido bloqueado desde el 28 de febrero, afectando severamente las dinámicas del comercio energético global.
La importancia estratégica del Estrecho de Ormuz radica, entre otros factores, en su capacidad para facilitar el paso de cerca de 20 millones de barriles de petróleo diarios. La ruta, que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán, se ha vuelto crucial para países productores que envían su crudo a múltiples mercados, incluyendo Asia, Europa y América del Norte. Su cierre reconfigura las cadenas logísticas a nivel global.
Tras la declaración de Ebrahim Jabari, asesor militar iraní, sobre el cierre del estrecho y la amenaza de represalias contra embarcaciones, los mercados energéticos reaccionaron de inmediato. El precio del petróleo experimentó un incremento cercano al 10%, alcanzando su máximo desde junio. El gas natural también vio un aumento significativo con un salto de más del 26%.
El impacto es especialmente fuerte en Asia, donde países como China dependen en gran medida del crudo que transita por esta ruta. Inversiones significativas se han dirigido al sector energético saudí, pero el cierre podría interrumpir hasta la mitad de sus importaciones de crudo, afectando el crecimiento económico y los costos de refinación.
Existen rutas alternativas, pero su eficiencia es limitada. Oleoductos en Arabia Saudita, aunque capaces de desviar parte de la producción, no operan a plena capacidad. En este contexto, España ha experimentado un impacto relativamente menor, gracias a la diversificación de sus proveedores, pero también enfrenta el aumento de los costos energéticos, lo que podría afectar la competitividad empresarial.