Ciudad de México, México. - México ha apostado durante años por la inversión extranjera directa (IED) como motor de su crecimiento, sin embargo, esta estrategia se enfrenta a un agotamiento evidente ante un contexto internacional incierto. El incremento de tensiones geopolíticas ha limitado la previsibilidad, vital para atraer inversiones.
En 2024, la IED en México se situará en 37.7 mil millones de dólares, un 19% menos que el promedio entre 2012 y 2018. Las proyecciones de los analistas indican que este panorama no mejorará para 2026, lo que pone en duda el impacto del nearshoring en el desarrollo del país. La inestabilidad del tratado T-MEC también agrega tensión a la situación económica.
El panorama interno es igualmente preocupante. En septiembre de 2025, la inversión productiva cayó a un índice de 101.0, un descenso del 8% respecto al año anterior. Esta situación refleja una paralización en la construcción de fábricas y la adquisición de maquinaria, lo que limita la creación de empleos y compromete el futuro económico del país.
Además, la inversión pública se mantiene por debajo de niveles óptimos, representando solo un 2.5% del PIB para 2026, lejos del 4.5% alcanzado anteriormente. Las áreas de educación y seguridad requieren atención urgente, ya que los niveles de gasto son insuficientes para abordar los problemas estructurales del país.
Con una confianza empresarial en mínimos históricos, las proyecciones de crecimiento para 2026 son de apenas 1.2%. Esta falta de dinamismo económico se traduce en menos oportunidades para las familias, lo que genera un ciclo de escasez y descontento. Es imperativo que México fortalezca sus motores internos de crecimiento para salir de esta crisis y no depender únicamente de factores externos.