Suchitlán, México. - El tránsito de mujeres migrantes por México se ha incrementado en el último tiempo, enfrentándose a un panorama de violencia que transforma la movilidad en una experiencia de alto riesgo. Secuestros y agresiones son algunos de los peligros comunes que encuentran en su camino.
Las mujeres como Alba, procedente de Venezuela, han vivido en carne propia la dura realidad del migrante. Antes de partir, debió soportar acosos y hostigamientos por su oposición al gobierno, lo que la llevó a la conclusión de que migrar es una cuestión de supervivencia. La presión de las circunstancias la llevó a tomar decisiones difíciles y peligrosas.
Al llegar a México, la situación se tornó aún más complicada. Alba y su familia fueron secuestrados al llegar a Suchitlán y sufrieron cinco días de abuso a manos de sus captores. Según datos de la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes, el 50.8% de las mujeres refugiadas en sus albergues han sufrido secuestros durante su migración.
La violencia no termina con el cruce de la frontera, ya que las mujeres enfrentan constantes amenazas en su trayecto. Para muchas de ellas, incluir una denuncia en el itinerario se convierte en una trampa peligrosa, reflejando la falta de confianza en un sistema que no garantiza su seguridad. Alba expresa este sentimiento al compartir sus dudas sobre qué sucedería si decidiera denunciar.
Ante este contexto, las organizaciones que apoyan a mujeres migrantes subrayan la necesidad de crear sistemas de protección efectivos. A medida que el flujo de migrantes aumenta, también lo hace la urgencia de atender las realidades complejas que enfrentan, recordando que migrar no es una elección, sino una necesidad desesperada.