Guadalajara, Jalisco. - La muerte de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), representa un avance significativo para el Gobierno de Claudia Sheinbaum en la lucha contra el crimen organizado. La caída de Oseguera, apodado “Mencho”, podría cambiar la dinámica de poder en el país, pero las reacciones violentas que ya se han reportado plantean nuevas preocupaciones.
Las autoridades han registrado disturbios en varias ciudades tras el operativo en el que Oseguera perdió la vida. Se han documentado bloqueos carreteros, quema de vehículos y enfrentamientos armados, afectando a Guadalajara, donde se vandalizaron tiendas Oxxo y se causaron daños significativos a la infraestructura vial. Este contexto, que oscila entre la celebración y el temor, evidencia la fragilidad de la situación.
Los expertos advierten que la reacción del CJNG puede intensificarse. A diferencia de otras organizaciones criminales, el CJNG ha mostrado disposición para llevar a cabo ataques directos contra las autoridades. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha sido un objetivo previo del cártel, lo que sugiere que podrían planear respuestas aún más agresivas tras la muerte de su líder.
Además, un vacío de poder podría abrir la puerta a conflictos internos dentro del CJNG. Históricamente, la eliminación de líderes criminales ha conducido a la fragmentación y el surgimiento de facciones más violentas. La experiencia del País con organizaciones como el Cártel de Sinaloa demuestra que la lucha por el control territorial puede agravar aún más la violencia y desestabilizar regiones ya afectadas.
La muerte de Oseguera es vista como un triunfo, pero conlleva el riesgo de una escalada en la violencia, tanto a nivel local como nacional. A medida que el Gobierno y las autoridades de seguridad enfrentan este nuevo desafío, la cooperación internacional, especialmente con Estados Unidos, será esencial para prevenir un desbordamiento del conflicto.