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El 8M, jornada de reflexión y exigencia de derechos para mujeres

El 8 de marzo se recuerda la lucha por la igualdad y los derechos de las mujeres, reflexionando sobre la violencia y la desigualdad persistente.

Este 8 de marzo se destaca la lucha histórica por la igualdad y el respeto a los derechos de las mujeres.
De acuerdo con Fabiola García, felicitar o regalar flores el 8 de marzo distorsiona el significado de la fecha / Especial / Foto: Especial

Mérida, Yucatán. - El 8 de marzo no es un día de celebraciones, sino una jornada de reflexión sobre las desigualdades que enfrentan las mujeres en su vida diaria, según la maestra en Derecho Fabiola García. Esta conmemoración tiene sus raíces en huelgas y movilizaciones históricas que reclamaban condiciones laborales dignas para las mujeres.

La experta señala que el Día Internacional de la Mujer debe centrarse en visibilizar las desigualdades y exigir mejores derechos laborales, políticos y sociales, así como una vida libre de violencia. A pesar de los avances logrados por el movimiento feminista en educación, empleo y participación política, persisten desigualdades y una cultura de machismo que afecta a sociedades, incluyendo Yucatán.

Fabiola García explica que recibir flores o felicitaciones el 8 de marzo distorsiona el verdadero significado de esta fecha, al convertirla en un gesto superficial que invisibiliza los desafíos que enfrentan las mujeres. Ella afirma que la auténtica celebración sería asegurar que las mujeres regresen a casa de manera segura y libres de violencia. Las consecuencias de la violencia nos afectan a todos, impactando aspectos físicos, emocionales y económicos de la sociedad.

Además, señala que, aunque el Estado destina recursos para refugios y centros de atención a mujeres, la prevención debe ser el enfoque principal. Si se erradicara la violencia, esos fondos se podrían invertir en áreas como educación y cultura, pero mientras subsista el problema, estos recursos se utilizarán en la atención de víctimas.

García enfatiza que la existencia de refugios y centros de atención evidencia la persistencia del problema y que el éxito de las políticas públicas no debe medirse solo por la creación de más servicios, sino por la reducción de la violencia. Resalta la necesidad de implementar programas que aborden la violencia en sus raíces, trabajando también con los agresores para prevenir futuras violencias. La lucha continúa, pues así no se puede hablar de una sociedad saludable.

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