Grisén, Aragón. - La reconquista de Grisén por el rey Alfonso I, El Batallador, en el año 1119 provocó un cambio político significativo, aunque no alteró la economía local. La población musulmana permaneció, y el rey buscó asegurar la prosperidad de los nuevos territorios mediante su estabilización y población.
Las Órdenes Militares, que surgieron de la defensa de la fe cristiana durante las cruzadas, jugaron un papel crucial en la consolidación del territorio. La Orden del Temple y la de San Juan de Jerusalén, conocida también como los hospitalarios, tuvieron un impacto notable en Aragón. El rey Alfonso II, en decisión tomada en 1177, otorgó el pueblo y castillo de Grisén a los monjes hospitalarios para garantizar el desarrollo económico y espiritual de la región, donde los mudéjares eran mayoritarios.
El Hospital comenzó a demostrar pronto su capacidad administrativa y de gestión de recursos hídricos. Su influencia se expandió por el Bajo Jalón, donde establecieron proyectos hidráulicos y aumentaron su patrimonio. En la década de 1180, la orden se consolidó como la institución más importante de la zona, facilitando el intercambio de heredades y el fortalecimiento de su propiedad.
Entre los años 1189 y 1250, las donaciones a la Orden de San Juan se volvieron comunes, destacándose por su creciente riqueza y bienes tras la extinción de la Orden del Temple en el siglo XIV. Esta riqueza impulsó una reestructuración, permitiendo a la orden centrarse en sus tareas espirituales. A pesar de los cambios, la vitalidad de la Orden de San Juan y su legado en tierras de Grisén continuaron floreciendo durante muchos años.