Saltillo, Coahuila. - En la capital coahuilense, la política se ha desplazado hacia una nueva forma de contacto con la ciudadanía. Los discursos son reemplazados por eventos donde se ofrecen productos de primera necesidad a precios accesibles. Con esta estrategia, los políticos buscan captar la atención y el apoyo de la población.
Alberto Hurtado fue el pionero en esta práctica, llevando un “mercadito” a colonias populares. Su enfoque se basa en la satisfacción de necesidades inmediatas con productos como frijoles y aceite. Este tipo de marketing territorial se presenta como efectivo, ya que responde directamente a las demandas básicas de los ciudadanos.
Luego, Gabriel Elizondo amplió el concepto con el Mercado de Mejora, que abarcó todo el Estado. Con una fuerte logística y un mensaje que promovía el ahorro, los eventos se transformaron en espacios donde el Gobierno no sólo prometía bienestar, sino que lo entregaba. Esta metodología demuestra cómo la política puede ser eficiente al crear un vínculo directo con el electorado.
Un caso llamativo es el de Tomás Gutiérrez, un comerciante que lanzó su propia iniciativa: "Todo a Peso". Con este enfoque, el precio se convierte en un imán que atrae multitudes, dejando de lado el discurso y enganchando a los votantes con ofertas atractivas. La estrategia se enfoca en la experiencia de compra, posicionando al mercado como el nuevo escenario político.
Sin embargo, el uso de estas estrategias plantea un dilema. Aunque suscita atención y apoyo mediante la oferta de productos, este enfoque puede trivializar la política, centrándose más en la venta que en la gobernanza efectiva. La preocupación radica en que este modelo no aborda las causas de la pobreza, sino que simplemente las administra temporalmente. Eventualmente, los políticos y sus estrategias de venta podrían encontrar límites en su eficacia.