Oaxaca de Juárez, Oaxaca. - La reciente consulta de revocación de mandato en Oaxaca mantuvo al gobernador Salomón Jara en el poder, pero evidenció serias irregularidades y una alarmante falta de apoyo popular. Con una participación ciudadana que apenas alcanzó el 29.9% del padrón, lejos del 40% necesario para un resultado vinculante, se revelaron fisuras en uno de los bastiones de la Cuarta Transformación (4T).
Las denuncias de irregularidades, incluyendo urnas desaparecidas y participaciones infladas, son alarmantes. En municipios como San Miguel Quetzaltepec, las cifras de votación superaron el 90%, contrastando con el rechazo visible en áreas urbanas, donde Jara perdió en su propia casilla dos a uno. El Partido del Trabajo, aliado tradicional de Jara, rompió filas al denunciar fraude y llamar a su salida, mostrando que la coalición gobernante se sustenta más en beneficios personales que en convicciones.
En la capital oaxaqueña, cerca del 70% de los votos fueron para revocar a Jara, mientras que en áreas rurales se concentraron las casillas con cifras infladas. Aunque el resultado no lo despoja del cargo, lo deja políticamente vulnerable. Esta situación presenta a Oaxaca como un adelanto de lo que podría suceder en 2027, con un electorado cada vez más crítico y un aparato electoral muy golpeado, poniendo a prueba la legitimidad del actual gobierno.
La experiencia en Oaxaca no puede ser ignorada por el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla. Con condiciones similares, el creciente descontento entre la ciudadanía y militantes es evidente. Si las divisiones continúan, los resultados adversos podrían ser inminentes.