Chetumal, Quintana Roo. - El debate sobre la reforma electoral en México ha resaltado la figura de los regidores en los ayuntamientos, donde Quintana Roo cuenta con 117 regidores, de un total nacional de alrededor de 20 mil. Su papel no es el contrapeso democrático esperado, sino que en muchos casos se convierten en un apoyo a las decisiones del presidente municipal.
El sistema electoral actual establece que la mayoría de los votos garantizan el control del Cabildo, favoreciendo a partidos o coaliciones que obtienen la mayoría relativa, incluso con menos del 50% de los votos. Esto se traduce en una limitación para la oposición, como se ha visto en municipios como Chetumal y José María Morelos, donde los regidores opositores tienen poco poder real.
La Ley de los Municipios clasifica a los ayuntamientos en grandes y medianos, con una composición que afecta la pluralidad. En los municipios grandes, la mayoritaria puede alcanzar cerca del 64% del Cabildo, mientras que en los medianos oscila hasta el 73%. Esta "mayoría garantizada" permite aprobar decisiones cruciales sin la necesidad de votos de la oposición, lo que puede resultar en la falta de contrapesos en la gestión administrativa.
Los regidores se enfrentan a un dilema, donde su papel se limita a validar decisiones impulsadas por el alcalde. Con esta estructura, los cambios de uso de suelo, concesiones y presupuestos pueden ser aprobados sin negociación, dejando a la oposición en una situación decorativa en el mejor de los casos.
Si la reforma se justifica en base a la eficiencia y el ahorro, ha llegado el momento de evaluar la funcionalidad de los regidores en los ayuntamientos. La verdadera eficiencia democrática debe considerar la reestructuración de estos órganos locales, donde se toman decisiones que afectan directamente a la población, como el uso del agua y los recursos públicos.