Ciudad de México, México. - La actual crisis interna en el partido Morena evidencia un mal entendimiento de las lecciones del Partido Revolucionario Institucional (PRI). A medida que se acercan las elecciones de 2027, las divisiones internas comienzan a aflorar, parecido a lo que ocurrió en el PRI entre 1987 y 1995.
Andrés Manuel López Obrador, quien fundó Morena tras su experiencia con el PRD, ha traspasado vicios del partido anterior, generando una dinámica de "tribus" al interior de su organización que compiten por poder y recursos. Este enfoque ha debilitado la estructura del partido y ha fomentado un ambiente de desconfianza.
Los errores estratégicos se manifiestan en la falta de un liderazgo unificado. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha tomado el control de aspectos gubernamentales, pero la autoridad efectiva sigue estando fuertemente influenciada por López Obrador. Esta dualidad genera confusión sobre quién tiene la responsabilidad del rumbo político y electoral del partido.
Morena ha perdido la oportunidad de crear una base sólida de apoyo intermediado por movimientos sociales, lo que limita su capacidad de movilización. Las decisiones recientes de López Obrador de entregar los beneficios sociales de manera directa y personal han contribuido a que los grupos de presión se conviertan en actores clave en el ámbito electoral.
La falta de un mando único plantea un dilema crítico para el futuro de Morena. Sin una estructura clara para negociar y movilizar recursos, el partido podría caer en desorganización, lo que afectaría sus perspectivas electorales. Aunque intenta mantener una fachada de unidad, las luchas internas ya son evidentes en el horizonte.