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Ginebra y Borges: un recorrido por las huellas del autor argentino

Jorge Luis Borges dejó su huella en Ginebra, donde vivió y se inspiró, a 40 años de su muerte se exploran sus recuerdos.

Jorge Luis Borges dejó una profunda huella en Ginebra, donde se formó y vivió experiencias que moldearon su obra.
Terraza de la Brasserie del Hôtel de Ville, donde solía hospedarse Borges en sus viajes a Ginebra.Greg Balfour Evans ( ALAMY / CORDON PRESS ) / Foto: Especial

Ginebra, Suiza. - Jorge Luis Borges, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, encontró en Ginebra un refugio y una fuente de inspiración. A 40 años de su muerte, esta ciudad alberga recuerdos de su vida y obra, a pesar de que muchos han quedado diluidos en el tiempo.

La librería A. Jullien, que se presenta como la más antigua de Ginebra, no cuenta con títulos de Borges. La ausencia de su obra en este lugar resalta la curiosa paradoja de una ciudad donde el autor se sintió “extrañamente feliz”. A pesar de esto, su tumba y una placa conmemorativa marcan aspectos significativos de su vida aquí.

Borges llegó a Ginebra junto a su familia en vísperas de la Primera Guerra Mundial, un período que le permitió desarrollar nuevas perspectivas. Durante su estancia, aprendió alemán y se adentró en el estudio de corrientes filosóficas y literarias que influirían irremediablemente en su narrativa. Este lugar se transformó en un nuevo idioma para Borges, complementando su vínculo con Buenos Aires.

Sin embargo, los hitos de su paso por Ginebra son difíciles de localizar. La ubicación exacta del edificio donde residió sigue siendo objeto de debate, reflejando el aire de incertidumbre que rodeaba su vida. La escasa señalización en el Collège Calvin, donde estudió, contribuye a la dificultad de seguir sus pasos en esta ciudad cuyo paisaje cotidiano ha cambiado.

Finalmente, el legado de Borges se recuerda no solo en espacios concretos, como el Muro de los Reformadores, sino también en la resonancia que su obra ha tenido en la literatura universal. Como él mismo expresó, Ginebra se convirtió en su “más propicia a la felicidad”, un sentimiento que perdura en la memoria cultural.

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