Apodaca, Nuevo León. - Guillermo Aguilar, un empresario deportado de Carolina del Norte, enfrenta un nuevo capítulo en su vida en Apodaca, Monterrey, donde no se siente seguro. Arrestado por agentes de ICE en su camino al trabajo, ha pasado dos meses en un centro de detención y ahora lucha por adaptarse a su nueva realidad.
Originario de México, Aguilar llegó a Estados Unidos a los cinco años y construyó una exitosa carrera como empresario. Antes de su deportación, contaba con un taller mecánico y varias empresas en el estado de Carolina del Norte. El programa DACA había garantizado su protección temporal contra la deportación, pero su situación cambió drásticamente.
Aguilar vive con miedo y preocupación constante al enfrentarse a un entorno que le resulta inseguro. Relata la angustia de haber dejado atrás no solo su estabilidad financiera, sino también su esposa embarazada, ciudadana estadounidense, quien está a punto de dar a luz. Sin acceso a su dinero en EE.UU., se siente atrapado.
La vida en Monterrey ha resultado dura para Aguilar, quien reside en un pequeño cuarto alquilado. Con la esperanza de regresar a Carolina del Norte y reunirse con su familia, está trabajando en su defensa legal. El empresario sueña con el nacimiento de su hijo y anhela poder ofrecerle un futuro mejor en el país al que considera su hogar.
Mientras tanto, Aguilar reflexiona sobre lo que significa pertenecer a dos lugares distintos, enfrentando desafíos emocionales y legales. Su historia es un recordatorio de las complejidades migratorias y los vínculos familiares que se ven afectados por las políticas de inmigración.