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Historias de vida en la residencia Nuestra Señora de Gracia

La residencia Nuestra Señora de Gracia en Tudela acoge a 81 residentes, cada uno con historias de vida únicas y significativas.

Residentes de diferentes generaciones comparten su experiencia y recuerdos en Tudela.
Guadalupe Urzaiz Merino, de 79 años, conversa junto a Jesús Sesma Pérez, residente tudelano de 91, y Begoña Moreno Valencia, directora de la residencia Ntra. Sra. de GraciaBlanca Aldanondo / Foto: Especial

Tudela, Navarra. - La residencia Nuestra Señora de Gracia acoge a 81 residentes, donde sus vidas se entrelazan a través de experiencias compartidas, recuerdos e historias únicas. Este centro se convierte en un espacio donde el envejecimiento se vive con dignidad y alegría, enriqueciendo así las rutinas cotidianas de sus habitantes.

Begoña Moreno Valencia, directora del centro, menciona que cada residente aporta una historia conmovedora. Destaca la importancia del acompañamiento no solo desde el personal del centro, sino también desde las familias, quienes son pilares esenciales en el proceso de vida de cada residente. La dirección se esfuerza por ofrecer actividades adaptadas a los intereses y necesidades de cada uno.

Entre los residentes, se encuentran personalidades como Loren Urzaiz Paz, de 94 años, quien comparte sus memorias de vida desde su llegada a la residencia. Con catorce hijos, Lorena aprecia la variedad de actividades que ofrece el centro, como la gimnasia y el baile, lo que le permite mantenerse activa y conectada con los demás. Su historia es un reflejo de la vitalidad de los ancianos en la residencia.

Guadalupe Urzaiz Merino, de 79 años, opta por el programa de día, que le permite dormir en casa. Trabajó como ayudante de matrona en la antigua hospital, y su experiencia trasciende las paredes de la residencia. Ella elabora recetas que comparte con residentes y trabajadores, resaltando la importancia de la interacción social en su vida.

Jesús Sesma Pérez, de 91 años, disfruta del equilibrio entre la vida en la residencia y el cuidado de su huerto. Su rutina diaria ilustra la conexión con la naturaleza y sus tradiciones. Estos relatos reflejan cómo en el paso de los años, cada residente encuentra una nueva forma de vida que les brinda no solo compañía, sino también un sentido de propósito.

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