Tapalpa, Jalisco. - El reciente hallazgo de un altar improvisado en el hogar de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, expone un lado desconocido del temido líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, junto a un Salmo 91, muestran su fervor religioso.
Los hallazgos incluyen un cristo en la pared y elementos de culto, que fueron encontrados tras su abatimiento por fuerzas militares. En este contexto, la presencia de figuras religiosas en su hogar sugiere un vínculo entre narcocultura y espiritualidad, algo que impacta en el entorno criminal del país, que es predominantemente católico.
Investigadores como Fabián Acosta Rico, de la Universidad de Guadalajara, apuntan que esta interrelación entre violencia y religiosidad no es sorprendente. Historias de vigilancia de criminales hacia deidades revelan un patrón que trasciende a la cultura mexicana, reflejando una “religiosidad popular” fundamentada en necesidades inmediatas.
La devoción a figuras católicas es común entre narcotraficantes en México. A pesar de las críticas de la Conferencia del Episcopado de México sobre el uso de símbolos religiosos por grupos criminales, la complejidad de la religiosidad entre narcos se ha documentado a lo largo de la historia. Algunos capos, como Édgar Valdez Villarreal, también evidencian esta conexión espiritual.
El uso de símbolos religiosos por narcotraficantes desafía la autoridad de la Iglesia, que ha perdido control sobre la regulación de tales prácticas en el contexto actual. La intersección entre fe y criminalidad plantea cuestiones sobre la percepción de la devoción en un entorno de violencia.