Córdoba, Argentina. - Manuel Belgrano, creador de la bandera argentina, recibió una conmovedora despedida por parte de sus soldados el 11 de septiembre de 1819. En un gesto de gratitud, sus hombres se desmontaron para decirle adiós antes de su viaje a Tucumán, lo que quebró su ya frágil ánimo.
A pesar del reconocimiento, Belgrano vivía en la precariedad. Le debía el Estado 18 sueldos y había donado 40 mil pesos, premio por sus victorias en Salta y Tucumán, a la creación de escuelas. Su visión educativa era clara, y en 1813 redactó un reglamento para estas instituciones, que tardarían años en construirse.
Enfermo, enfrentando problemas de salud como la hidropesía, emprendió su regreso a Buenos Aires. Acompañado por su médico José Redhead, Belgrano tuvo que hacer paradas frecuentes debido a su deteriorada condición. La hostilidad recibida durante el viaje reflejó la indiferencia de la sociedad hacia su figura.
Llegó a la ciudad en marzo de 1820, instalado en su casa natal. La soledad y el abandono se hicieron evidentes, con pocos amigos que lo visitaban. Aunque su salud continuaba en declive, Belgrano se mantenía presente en la memoria colectiva como un líder comprometido con el bien común.
La historia de Manuel Belgrano no solo se recuerda por su papel en la independencia, sino también por su ferviente apoyo a la educación y su lucha por los derechos de la patria. Su legado educativo sigue siendo una inspiración en el país.