Jalisco, México. - La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", evidencia el poder del crimen organizado en México, particularmente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Estas organizaciones ejercen control mediante tácticas violentas y corrupción, influyendo en la seguridad nacional.
El CJNG, junto con otros grupos delictivos, combina el narcotráfico con extorsiones y robos, creando un entorno de miedo que desafía la autoridad estatal. A pesar de las promesas de enfoques de diálogo del gobierno, la militarización y el aumento en el gasto de defensa son evidentes, reflejando la lucha constante contra estas organizaciones.
Colombia debe observar las dinámicas mexicanas, donde el crimen no está politizado y no hay justificación para su existencia. La experiencia colombiana, marcada por guerrillas y narcotráfico, contrasta con la realidad mexicana, donde la delincuencia organizada opera sin ambigüedades, enfocándose solo en el beneficio económico.
El control de áreas urbanas es crucial. En México, los cárteles han expandido su influencia en ciudades, mientras que en Colombia, el monopolio del poder se vuelve vital para evitar el reclutamiento y la corrupción. La capacidad del Estado para disuadir y ejercer control es esencial frente a la expansión del crimen organizado.
Colombia tiene la oportunidad de aprender de la experiencia mexicana y evitar la involución hacia la realidad de los megacárteles. La lucha contra el crimen organizado exige una respuesta unificada y estratégica que contemple los contextos específicos de cada país.