Panchimalco, El Salvador. - Las abuelas salvadoreñas asumen el papel de jefas de familia tras la detención de miles de hombres bajo el régimen de excepción. Este cambio abrupto afecta su economía y bienestar emocional. La situación se vuelve crítica para muchas, quienes ahora cuidan de sus nietos sin el apoyo de sus hijos encarcelados.
Las detenciones arbitrarias han dejado a más de 92,000 personas detrás de las rejas desde el inicio de esta política. María Lidia Lemus, de 51 años, cuida de su nieta Keila,tras la detención de su hijo César. “Nunca imaginé ser mamá a mis 51 años”, expresa con resignación. La falta de evidencias en la captura de su hijo refleja una tendencia generalizada en un país donde una de cada 50 personas está encarcelada de forma injusta.
Un reciente informe señala que el 36% de los detenidos no tienen antecedentes penales ni están relacionados con pandillas. En San José Guayabal, Irma Elizabeth Sánchez también vive en la angustia. Sus dos hijos han sido detenidos, y su nieta Alexandra asume el hogar sin la presencia de su padre, quien fue capturado en un arresto sin justificación.
Las familias afectadas han tenido que agruparse en un ambiente de sufrimiento y precariedad económica. Las ONG advierten que muchas madres y abuelas están ahora a cargo de la alimentación y el bienestar de sus familias, en un sistema carcelario que apenas cubre las necesidades mínimas de los reclusos. A pesar de la disminución de la tasa de homicidios, el costo para los derechos humanos es alarmante.
El régimen de excepción ha sido objeto de críticas por parte de varias organizaciones de derechos humanos, que denuncian violaciones sistemáticas en los procesos de detención. A pesar de esto, el presidente Nayib Bukele defiende sus políticas, argumentando que buscan justicia y seguridad para la población.