Tegucigalpa, Honduras. - Mientras se intensificaba la transición de poder en Honduras, la ex presidenta Xiomara Castro llevó a cabo un serie de nombramientos en el sistema de salud pública. Estas decisiones, tomadas casi al final de su mandato, han generado críticas por su posible motivación política y por la forma en que afectan la administración futura del presidente Nasry Asfura.
Diversos informes indican que Castro buscó asegurar la permanencia de aliados políticos en puestos clave. Esta práctica, común en administraciones anteriores, refleja un patrón de resguardado de influencias al momento de la entrega del poder. Los nombramientos parecen responder a intereses de su partido, Libertad y Refundación (Libre), en lugar de basarse en criterios de competencia.
El ambiente en la Secretaría de Salud durante el gobierno de Castro fue tenso, con múltiples denuncias de ineficiencia y desorden. La llegada del doctor Manuel Matheu a la titularidad estuvo marcada por conflictos con los gremios de la salud, lo que llevó a su eventual renuncia. Su sucesora, Carla Paredes, enfrentó críticas similares y dejó cuestionables decisiones en torno a nombramientos y asignaciones.
Entre los casos más controversiales se encuentra el nombramiento de Paredes como médica de guardia, pese a ser médica general. Esta posición incluía un salario significativo y fue otorgada en un contexto de cambio administrativo, lo que generó suspicacias sobre el proceso de selección. Otros nombramientos, como los de ex funcionarios y militantes de Libre, han enfocado la atención hacia la falta de transparencia.
Analistas advierten que estos eventos podrían agravar la crisis de credibilidad en el sistema de salud hondureño. La inestabilidad y la posible politización de estos cargos claves podrían afectar negativamente el futuro manejo de la salud pública en el país.