Puebla, Puebla. - En México, el ombligo del recién nacido no es solo un residuo biológico; su entierro simboliza un importante rito de protección y conexión con la identidad familiar. Cada región presenta prácticas únicas que reflejan su cultura y cosmovisión.
La tradición sostiene que el cordón umbilical representa parte del niño, por lo que no debe desecharse. En muchas regiones, enterrar el ombligo es esencial para asegurar la conexión del infante con su linaje y el entorno natural. Este acto ritual, según el libro "Acciones rituales del nacimiento y sus implicaciones simbólicas", busca integrar al niño en el mundo social y espiritual.
En Puebla, el destino del ombligo varía según el sexo del bebé. Las niñas son enterradas en el fogón familiar, mientras que los niños se colocan en el campo. Este ritual refleja la cultura tradicional: el hogar y el sustento saludable ligado a cada género. Otro enfoque común en el centro de México es su entierro en el patio de la casa, reforzando el lazo con el lugar de origen.
En la cultura maya, el ombligo se entierra al pie de un árbol, creando un sentido de arraigo comunitario. En Tuxpan, Jalisco, los huicholes pueden optar por ocultarlo bajo un árbol secreto, protegiéndolo de posibles males. Los totonacos, por su parte, lo colocan en las alturas de un árbol, simbolizando equilibrio y conexión con la naturaleza.
En el norte de México, aunque menos visible, también se mantiene esta tradición. En áreas rurales, el ombligo a menudo se entierra en terrenos familiares, mientras que en las ciudades algunas familias han optado por conservarlo en frascos. Sin embargo, el significado de este ritual persiste en el imaginario colectivo.