Noáin, Navarra. - En el aeropuerto de Noáin, los controladores aéreos llevan a cabo una rigurosa rutina diaria para gestionar el tráfico aéreo. Desde las seis de la mañana, Pedro Vaz Carvalho, jefe de la torre de control, asegura la operatividad del aeropuerto y coordina las actividades de despegue y aterrizaje.
La jornada comienza con una comunicación a la central en Madrid, donde informan que la torre está ocupada. Este protocolo es crucial, ya que en caso de no hacerlo, se genera un procedimiento de emergencia. A las seis en punto, el controlador inserta su tarjeta de identificación y revisa los equipos necesarios para el día.
El proceso incluye verificar radios, poner en marcha pantallas y realizar comprobaciones con otros departamentos del aeropuerto, como bomberos y técnicos de mantenimiento. Estos chequeos garantizan que todos los sistemas funcionen correctamente antes de iniciar las operaciones aéreas. La primera llamada del parque móvil de bomberos suele ocurrir alrededor de las seis y veinte, momento en que se prueba la alarma de emergencia.
Las actividades de control aéreo se mantienen ininterrumpidamente, con el equipo trabajando codo a codo para gestionar situaciones que pueden surgir en el aire. Pilar vital en la torre, el teléfono permite una comunicación fluida con otros servicios y aeronaves en el espacio controlado por Noáin. En incidentes, como un helicóptero con problemas de radio, la coordinación es crucial para ofrecer asistencia de inmediato.
Aunque en la esfera del control aéreo la rutina es constante, cada día presenta nuevas situaciones. Las emergencias, como el transporte de órganos para trasplantes o el apoyo a operaciones de rescate, resaltan la importancia del monitoreo permanente. El equipo se asegura de que siempre haya un controlador disponible, garantizando la seguridad de los vuelos desde el amanecer hasta la medianoche.