Panuco, Sinaloa. - Diez mineros fueron secuestrados a finales de enero en Panuco, un pueblo cercano a Mazatlán. La situación se ha vuelto crítica tras el hallazgo de cinco cuerpos y la búsqueda de los otros cinco mineros, elevando el temor de los residentes en la zona.
El secuestro tuvo lugar en una mina de plata y oro de propiedad canadiense, en medio de una batalla entre facciones del cártel de Sinaloa. La continua violencia ha obligado a muchos habitantes a huir, mientras otros han enfrentado amenazas que les obligan a abandonar sus hogares.
El analista de seguridad David Saucedo criticó la situación, señalando que eventos como este minan la narrativa del Gobierno federal sobre el control de la seguridad en el estado. Aunque Claudia Sheinbaum ha destacado la disminución de los homicidios como resultado de sus políticas, episodios violentos complican la percepción sobre la eficacia de su gobierno en la materia.
A raíz del secuestro, se desplegaron más tropas en la región para coordinar la búsqueda de los mineros desaparecidos. Sin embargo, la presencia militar no ha logrado calmar el miedo de los habitantes, quienes temen ser confundidos con delincuentes y sufrir ataques por parte de las fuerzas de seguridad, según el activista Roque Vargas.
La violencia en Sinaloa ha visto un incremento desde el secuestro del líder del cártel, Ismael El Mayo Zambada. Este evento desencadenó una guerra entre facciones del cártel y ha complicado la seguridad en la entidad. El cierre temporal de actividades de la mina por parte de Vizsla Silver Corp. refleja los desafíos que enfrentan las empresas en esta zona.