Guadalupe, Cáceres. - El viaducto de Guadalupe destaca como un símbolo de un ambicioso proyecto ferroviario que nunca se completó. Su construcción, iniciada a finales de la década de 1930, tenía como objetivo unir Madrid con Huelva, pero se enfrentó a múltiples obstáculos a lo largo de su desarrollo.
El proyecto se dividió en tres tramos, desde Calera y Chozas a Puerto de San Vicente, y desde allí hasta Logrosán y Villanueva de la Serena. A pesar del progreso inicial, las obras se paralizaron con la guerra civil, y aunque se reanudaron posteriormente, los problemas económicos llevaron a la cancelación definitiva de los contratos con las constructoras involucradas.
Las obras comenzaron alrededor de 1930, enfrentándose a un terreno complicado. El único tramo completado fue el tercero, donde el relieve era más manejable. Sin embargo, el túnel de Puerto Llano presentó numerosas dificultades, lo que obligó a las autoridades a abandonar el proyecto en la década de 1950. La red ferroviaria prevista abarcaría 168 kilómetros y 19 municipios de Cáceres.
El viaducto, de 58 metros de altura y 274 metros de longitud, se alza como un recordatorio de lo que pudo ser. Aún se pueden ver otros elementos de la obra inacabada, como la estación de tren de Logrosán, que realzan la historia del ferrocarril fallido. Además, un mural cerámico en uno de sus pilares rinde homenaje al Real Monasterio de la Virgen de Guadalupe.
A pesar de los desafíos, el viaducto se ha convertido en un símbolo cultural. Su imponente estructura recuerda una ambición ferroviaria que transformaría el paisaje de la comarca, manteniendo viva la memoria de un proyecto que, aunque no se materializó, dejó huella en la provincia de Cáceres.