Mérida, Yucatán. - El caso de Lucía, una niña de seis años sustraída por su padre, pone de manifiesto las complicadas dinámicas de violencia vicaria y campañas de descrédito contra su madre, Ericka Contreras. La situación se agrava con desinformación en redes sociales que busca revictimizar a la mujer.
Lucía fue localizada el 29 de junio de 2025, tras una Alerta Amber emitida por la Fiscalía General del Estado de Yucatán. Su padre enfrenta un proceso judicial por delitos que incluyen violencia familiar y sustracción de menores. Ericka realizó una manifestación pacífica exigiendo la restitución de su hija después de meses de búsquedas infructuosas.
El padre de Lucía argumentó obtener el resguardo provisional tras acusaciones de abuso en el entorno materno. Sin embargo, la Fiscalía determinó que no había pruebas suficientes para proceder legalmente contra Ericka. A pesar de esto, campañas digitales continúan presentando una narrativa en la que el padre es visto como protector y la madre como responsable de la situación.
Ericka denuncia que esta narrativa ha sido impulsada por colectivos que difaman su imagen, utilizando tácticas que refuerzan el estigma de la "madre peligrosa". En su opinión, se trata de una estrategia que no solo busca deslegitimar su papel como madre, sino que también perpetúa un ciclo de violencia emocional y social.
La violencia vicaria transciende la sustracción física de los hijos. Incluye el uso de menores como herramienta de castigo hacia la madre. Ericka sostiene que también enfrenta el incumplimiento de pensiones alimenticias y campañas de odio en redes sociales, con identidades falsas detrás de las acusaciones.
Mientras la investigación relacionada con las denuncias de abuso continúa, la verdad se busca instancias judiciales, no en las redes. Este caso ilustra cómo el debate sobre la custodia de los hijos se traslada al ámbito digital, transformando la reputación en un nuevo campo de batalla.