Santa Cruz, Canarias. - En el marco del 229 aniversario de la batalla de Tenerife, se recuerda la vital defensa liderada por el general Gutiérrez contra la flota británica del almirante Nelson. Este episodio marcó un momento crucial en la historia de la isla y su defensa.
En 1797, Santa Cruz enfrentó su tercer ataque británico. La ciudad contaba con fortificaciones robustas, que incluían castillos y torres, estratégicamente ubicados para resistir asedios. Estas defensas eran resultado de años de preparación militar y estaban fundamentadas en el conocimiento de las condiciones marítimas de la zona.
Fuerzas españolas, compuestas por cerca de 400 hombres entre artilleros profesionales y milicianos, operaban casi un centenar de cañones. Los denominados cañones "violentos" jugaron un papel esencial durante el combate, facilitando disparos precisos y efectivos contra las tropas inglesas en un entorno urbano. Se destacó la instrucción previa del general Gutiérrez en el manejo de artillería, lo que fortaleció la capacidad defensiva de la ciudad.
La flota británica, liderada por Nelson, incluía cuatro navíos de línea y varias embarcaciones más ligeras, que buscaban aprovechar su ventaja numérica. Sin embargo, el ataque no se limitó a bombardeos navales, sino que involucró un desembarco necesario para asegurar el control de la ciudad. Esta estrategia implicaba que la efectividad de la artillería era crucial para frenar a las tropas de asalto.
La batalla se desarrolló del 22 al 25 de julio, y su desenlace determinó la continuidad del control español sobre Tenerife y, por ende, sobre las Islas Canarias. La respuesta rápida y efectiva de la artillería fue fundamental para evitar una pérdida significativa que pudo haber alterado el equilibrio de poder en la región.