La Habana, Cuba. - Durante la década de 1980, la economía cubana se benefició enormemente de la reexportación de petróleo soviético, convirtiéndolo en su principal fuente de divisas. Este esquema fue impulsado por la relación diplomática entre Cuba y la Unión Soviética, que permitió a la isla obtener petróleo a precios muy por debajo de los del mercado internacional.
Cuba logró establecer un régimen de intercambio en el que exportaba azúcar a la URSS a precios inflados y, a cambio, recibía petróleo a bajo costo. En 1985, el precio que pagaba Cuba por el crudo soviético era un 40% inferior al promedio de la OPEP. Esta diferencia permitía al país vender el petróleo en mercados occidentales a precios competitivos, generando ingresos significativos en divisas.
Entre 1983 y 1987, el pico de reexportaciones se alcanzó con más de 3 millones de toneladas anuales. Este mecanismo económico no solo mejoró la balanza comercial de Cuba, sino que también redefinió su estructura de ingresos. En esos años, más del 40% de los ingresos en moneda convertible provenían de la reexportación de petróleo, superando a otros productos tradicionales como el azúcar.
Sin embargo, a partir de 1986, la caída de los precios del petróleo a nivel mundial afectó el modelo de reexportación. Cuba continuó pagando por el petróleo mediante un sistema de trueque que implicaba el intercambio de azúcar, complicando su estrategia económica. A pesar de las adversidades, el país mantuvo su capacidad para exportar crudo.
El colapso final del modelo económico llegó con la disolución de la Unión Soviética a principios de los 90, cuando el suministro de petróleo se redujo drásticamente. Este cambio forzó a Cuba a reinventar su modelo energético y económico, marcando el fin de una era de dependencia de la tecnología y recursos soviéticos.