La Habana, Cuba. - Las misiones médicas cubanas, presentadas como símbolos de cooperación internacional, son objeto de severas críticas por denunciantes que afirman que los médicos y enfermeros enfrentan explotación laboral y retención de ingresos significativos. Testimonios recopilados por la organización Prisoners Defenders revelan que el Estado cubano retiene hasta el 85% del salario de los profesionales que trabajan en el extranjero.
Javier Larrondo, presidente de Prisoners Defenders, sostiene que Cuba genera alrededor de cinco mil a seis mil millones de dólares al año por estas misiones. Según él, los países extranjeros pagan altos salarios por cada médico o enfermero, pero los profesionales cubanos reciben solo una parte mínima. Por ejemplo, durante la pandemia, México pagaba 3,750 dólares mensuales por médico, mientras que los enviados de Cuba recibían apenas 200 dólares.
Entre las condiciones denunciadas están las jornadas extenuantes, la presión política y la vigilancia constante, que limitan la libertad de los profesionales. Larrondo señala que los médicos que eligen desertar enfrentan severas consecuencias, incluyendo hasta ocho años sin poder regresar a Cuba, lo que provoca separaciones familiares prolongadas.
La situación fue descrita por Arisleydi López, enfermera con más de 30 años de experiencia, quien participó en misiones en México y Venezuela. López afirmó que los contratos carecían de transparencia sobre el salario real y relató experiencias laborales agotadoras, incluso con profesionales mal preparados. Actualmente vive en Estados Unidos, separada de su hija en Cuba, señalando que su decisión de abandonar el programa resultó en años de separación familiar.
Las alegaciones han despertado preocupación a nivel internacional, con relatos de la ONU y el Parlamento Europeo que critican el sistema de misiones médicas cubanas. Sin embargo, el Gobierno de Cuba defiende este modelo como una fuente vital de ingresos para el sostenimiento del sistema de salud nacional y su economía. El debate continúa en medio de una crisis sanitaria, mientras se enfrentan las narrativas de solidaridad y explotación.