Pedroso de Acim, Cáceres. - Enclavado entre la sierra de Cañaveral y las fértiles vegas del Jerte y del Alagón, se encuentra el convento de la Purísima Concepción de El Palancar, considerado el más pequeño del mundo. Su historia se remonta al siglo XVI, cuando San Pedro de Alcántara estableció este espacio singular de espiritualidad austera.
Este convento, conocido como 'el conventino', se localiza a dos kilómetros de Pedroso de Acim. La llegada al lugar se realiza a través de la N-630, desviándose hacia la EX-371, con señales que guían a los visitantes. El Edificio, de apenas 72 metros cuadrados, es un testimonio de la simplicidad y la devoción que caracterizan la vida franciscana.
San Pedro de Alcántara, nacido en Alcántara en 1499, transformó una propiedad donada en 1557 en un refugio para la oración y la renuncia. Su celda, diminuta, obligaba al santo a dormir sentado, ilustrando así su rígido compromiso con la austeridad. La modesta capilla y los espacios para los frailes reflejan la filosofía espiritual del santo, quien aspiraba a una vida desprendida de lujos.
A lo largo de los siglos, El Palancar ha sido adaptado sin perder su esencia. Desde 1702, se han realizado ampliaciones que mantienen una estética sobria y funcional. La iglesia barroca y el claustro, junto a las instalaciones adecuadas para la vida comunitaria, preservan el aire austero que definió el lugar. Los visitantes pueden contemplar el contraste entre la sencilla exterioridad y el recogimiento que se respira dentro de sus muros.
El Palancar se presenta no solo como un convento, sino como un símbolo de espiritualidad y renuncia. La historia de este pequeño centro religioso continúa cautivando a aquellos que buscan una conexión profunda con el legado de San Pedro de Alcántara. Este lugar invita a la reflexión sobre la vida simple y la dedicación a la espiritualidad.