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Oscenses celebran a San Antonio de Padua en busca de amor y protección

Oscenses rinden homenaje a San Antonio de Padua, san protector de los enamorados, con misas y actividades en el convento de Santa Clara.

La festividad reunió a cientos de fieles en el convento de Santa Clara, donde se realizaron diversas misas y actividades especiales.
El obispo ha oficiado la última misa del día en Santa Clara y antes de la liturgia ha bendecido a los niños.Laura Ayerbe / Foto: Especial

Huesca, Huesca. - La celebración del día de San Antonio de Padua atrajo a numerosos oscenses al convento de Santa Clara, donde se llevaron a cabo varias misas para encomendarse al santo patrono de los enamorados. La festividad, que incluyó la bendición de niños, mantuvo vivo el espíritu de comunidad y fe.

Las religiosas del convento recibieron a numerosas familias que acudieron a rezar y a presentar sus respetos. La jornada comenzó con la misa a las 7:00 y continuó con servicios a lo largo del día, culminando en la tarde con la eucaristía presidida por el obispo de la Diócesis de Huesca y Jaca, Pedro Aguado. La asistencia fue constante, lo que refleja la devoción de los participantes.

Durante el evento, la venta de artículos religiosos tuvo gran recepción, destacando estampas, rosarios y dulces elaborados por las monjas. Este aspecto socia y cultural fue muy apreciado por los asistentes, quien buscaron llevarse un recuerdo de la festividad. Las velas iluminaron el interior de la iglesia durante todo el día, creando un ambiente propicio para la reflexión y el deseo de amor.

El culto a San Antonio de Padua es significativo para muchos; reconocido como protector de los enamorados, los fieles depositan sus anhelos en sus manos. Ya sean solteros, novios o en pareja, las personas confiaron en sus intercesiones para mejorar sus vidas amorosas. Cada 13 de junio se convierte en un momento de esperanza renovada para los oscenses y visitantes.

La festividad no solo reafirma la fe en San Antonio, sino que también fortalece los lazos comunitarios. A medida que las familias se van despidiendo del convento, la tradición queda reflejada en sus corazones y la promesa de regresar el próximo año resuena entre los presentes.

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