Managua, Nicaragua. - El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha respondido de manera cautelosa a la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro. La liberación de aproximadamente 30 presos políticos coincide con un cambio en el contexto político regional tras los recientes eventos en Venezuela, lo que ha generado inquietud en el gobierno nicaragüense.
Expertos consideran que la decisión de liberar a los detenidos no es meramente simbólica. Se observa como un intento de mejorar la imagen del gobierno en un momento de inestabilidad en el bloque bolivariano. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos han denunciado la detención de numerosos nicaragüenses que celebraron la caída de Maduro en las redes sociales, lo que refleja un endurecimiento en la represión interna.
Ortega condenó la acción militar de Estados Unidos en Venezuela, calificándola de "terrorismo" y acusando a Washington de un "imperialismo" inaceptable. Estas declaraciones se han ido intensificando, y se han acompañado de operaciones de control social. La captura de Maduro ha generado un estado de alerta que se traduce en una campaña de arrestos de ciudadanos, lo que evidencia el clima de temor que prevalece en Nicaragua.
Félix Maradiaga, un exilio político nicaragüense, subraya que el gobierno de Ortega ha entrado en una fase de paranoia, aumentando la desconfianza entre sus funcionarios y exigiendo el control interno. Se reporta que funcionarios del gobierno deben entregar sus pasaportes y que se han establecido brigadas del Partido Sandinista para evaluar la lealtad de líderes comunitarios. Esta situación refleja el temor del régimen a un posible desmoronamiento, similar a lo que ha ocurrido en Venezuela.
Las tensiones continúan creciendo en el contexto nicaragüense, donde el futuro del régimen de Ortega y Murillo podría verse afectado por el equilibrio de poder en la región. Mientras tanto, la represión sigue afectando a la sociedad civil en Nicaragua, donde criticar al gobierno es considerado un acto de traición.