La Habana, Cuba. - La consigna "Trump no nos va a poder robar nuestro futuro" refleja el sentir del pueblo cubano ante la crisis energética generada por las políticas de la administración de Donald Trump. La escasez de combustible ha afectado la vida cotidiana en la isla, impactando la alimentación, salud, transporte y la generación eléctrica, desafiando al pueblo a adaptarse y resistir.
Desde la capital hasta las regiones más distantes, las consecuencias de la falta de diésel son evidentes. Las guaguas, transporte público esencial, han reducido su circulación, llevando a muchos a caminar largas distancias o usar vehículos alternativos. A pesar de la adversidad, la calma y la paciencia se han convertido en respuestas comunes entre los cubanos, quienes han aprendido a sobrellevar la situación.
Las estaciones de servicio muestran largas filas de automóviles pero se carece de escenas de desesperación. En su espera, los conductores mantienen conversaciones, reflejando una actitud resiliente. Los centros de trabajo y universidades han adaptado sus programas para facilitar el acceso a educación y trabajo, llevando a muchas actividades a realizarse de forma remota debido a la escasez de transporte.
El desabastecimiento de petróleo también ha afectado la generación eléctrica, resultando en apagones frecuentes en los hogares. Con la situación, las familias se organizan para cocinar en los momentos de disponibilidad eléctrica y algunos recurren al carbón y la leña. Este proceso de adaptación se ha convertido en un acto de resistencia ante las dificultades.
Cuba ha tenido que enfrentar múltiples bloqueos y presiones desde 1959, y la historia ha demostrado la capacidad de la isla para reorganizarse ante adversidades. La memoria colectiva de resistencia se mantiene viva y reconoce que, a pesar de los retos actuales, el pueblo cubano busca avanzar y no rendirse. La frase de Amalia Díaz se repite en diferentes voces: la unión y la memoria son las claves en la lucha continua.