Bogotá, Colombia. - La ausencia de relatos literarios sobre el abuso sexual infantil en Colombia revela un vacío significativo en la autoficción y la literatura testimonial. Esta falta se traduce en un silencio que oculta experiencias dolorosas que merecen ser contadas.
A lo largo de los años, muchas jóvenes que han vivido estas experiencias han buscado conectarse con la literatura como una manera de comprender sus vivencias. Sin embargo, se enfrentan a la escasez de textos que aborden su realidad desde una perspectiva local. Aunque existen obras valiosas en el ámbito global, la literatura colombiana parece no abordar este tema.
En el ámbito académico, los syllabus de universidades a menudo ignoran textos que traten el abuso sexual infantil, dejando a las víctimas sin un espejo literario. En las bibliotecas, si bien hay manuales psicológicos, la narrativa literaria que incluye estas experiencias es casi inexistente. Este hecho genera un sentido de aislamiento para quienes atraviesan o han atravesado estas situaciones.
La pregunta que surge es qué impide que estas historias sean contadas y aceptadas en el espacio literario. Esta situación activa interrogantes sobre las normativas sociales que dictan qué experiencias son dignas de ser narradas y cuáles son relegadas al silencio.
Para avanzar hacia un cambio, es necesario abrir espacios donde el abuso sexual infantil pueda ser verbalizado y artísticamente representado. Solo así se podrá contribuir a la sanación colectiva y a la construcción de relatos que incluyan todas las voces.