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Pareja de adultos mayores habita un vagón de tren en Nuevo León

Emiliano y Guadalupe han vivido en un vagón de tren en Nuevo León por más de 30 años, convirtiéndolo en su hogar.

Emiliano y Guadalupe han convertido un vagón abandonado en su hogar durante más de 30 años.
Guadalupe Godínez, de 70 años, y Emiliano Orta, de 85, son orginarios de Cd. Madero, Tamaulipas / Foto: Especial

Monterrey, Nuevo León. - Emiliano Orta, de 85 años, y María Guadalupe Godínez, de 70, han vivido en un vagón de tren a un costado de las vías desde hace más de tres décadas, convirtiéndolo en su hogar. Este lugar, que para muchos sería un espacio olvidado, representa para ellos un refugio lleno de recuerdos y vivencias.

Originarios de Ciudad Madero, Tamaulipas, la pareja llegó a Nuevo León en busca de mejores oportunidades laborales. Don Emiliano trabajó en diferentes oficios relacionados con la industria, y posteriormente en la Refinería de Pemex. Su ingreso al vagón inició como un alquiler, pero con el cierre de Ferrocarriles Nacionales, el propietario dejó de cobrar les y el vagón se convirtió en su residencia permanente.

A pesar de las limitaciones, el hogar de Emiliano y Guadalupe cumple con servicios básicos. La electricidad llega a través de conexiones locales y el agua proviene de un pozo cercano. La pareja ha aprendido a convivir con el constante paso de los trenes y la cercanía de la refinería, adaptándose a su entorno durante tantos años.

María Guadalupe destaca que la vida que han construido no se ve afectada por estos elementos. Se han visto como testigos de los migrantes que pasan por la zona y han extendido su apoyo a quienes lo necesitan, compartiendo alimentos cuando se les pide ayuda. Aún con recursos limitados, han mostrado solidaridad al ofrecer un plato de comida a quienes atraviesan su comunidad.

Actualmente, sus ingresos provienen de pensiones y trabajos ocasionales de Emiliano en soldaduras y reparación de chatarra. A pesar de los desafíos, siguen escribiendo su historia en un vagón que se ha convertido en un símbolo de su vida compartida y resiliencia.

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