Ciudad de México, México. - El peso mexicano abrió el 19 de junio con una cotización de 17.35 unidades por dólar, en un entorno marcado por el feriado de Juneteenth en Estados Unidos. Esta pausa en la actividad de los mercados norteamericanos impactó en la liquidez global, llevando a una jornada con estabilidad en el tipo de cambio.
La desconexión temporal con Wall Street limitó la llegada de flujos institucionales significativos, moderando así la posibilidad de movimientos bruscos en el mercado. Los operadores locales trabajaron con información limitada, lo que generó un ambiente de calma que no necesariamente refleja mejoras en las condiciones fundamentales de la economía nacional.
Felipe Mendoza, analista de mercados de EBC Financial Group, indica que, a pesar de la aparente tranquilidad, hay señales macroeconómicas que podrían alterar el comportamiento del tipo de cambio cuando se reanude la actividad en Estados Unidos. La estabilidad observada podría ser superficial, ya que los indicadores económicos revelan un panorama más complejo.
Por otro lado, la expectativa de crecimiento económico para México fue recortada por BBVA de 1.8% a 1.2% para 2026, debido al menor dinamismo de la demanda interna y la desaceleración del sector manufacturero. Esta situación se ve agudizada por el descenso en la Clasificación Mundial de Competitividad 2026 del IMD, donde México pasó del lugar 55 al 62, lo que aumenta la presión sobre la moneda mexicana.
No obstante, el cierre formal de negociaciones entre México y Estados Unidos sobre el T-MEC pudo ofrecer cierta certidumbre al mercado. Los temas discutidos, como las reglas de origen en el sector automotriz y el comercio agrícola, son cruciales para la relación económica bilateral. Este avance puede contribuir a estabilizar las cadenas de valor transfronterizas.
Las próximas sesiones podrían revelar un aumento en la volatilidad del tipo de cambio. Cuando Wall Street retome sus operaciones completas, se espera que el mercado refleje de manera más precisa los datos de desaceleración económica y el deterioro institucional, lo que podría llevar al peso mexicano a enfrentar presiones inflacionarias.