San Pedro, Tucumán. - Durante la epidemia de cólera que azotó Tucumán en diciembre y enero, los ciudadanos vivieron un verdadero pánico. Las calles desiertas y un ambiente de desesperación se apoderaron del vecindario, donde la actividad comercial se detuvo por completo y el miedo causó estragos en la vida cotidiana.
Los habitantes tomaron medidas desesperadas que reflejaban su angustia. Con lámparas de kerosén iluminando tenuemente la noche, los vecinos encendían fogatas de madera de pino alquitranadas en las calles, creyendo que de esta forma conjurarían el contagio. Estas escenas, con llamas rojizas y humo espeso, creaban un paisaje sombrío en la ciudad.
José Ponssa, un testigo de la época, retrata el caos y la incertidumbre que predominaban en los rostros de los ciudadanos. A medida que la epidemia avanzaba, las expresiones de pavor y la congoja se convirtieron en comunes, mientras que algunos niños, ajenos al horror, jugaban alrededor de las fogatas, creando un contraste perturbador.
Este capítulo oscuro de la historia de Tucumán es recordado por la valentía de quienes, pese a la adversidad, lucharon para ayudar a los afectados. La comunidad se unió en un esfuerzo para enfrentar la epidemia, destacando la necesidad de recordar y honrar a esos héroes olvidados que mostraron humanidad en tiempos de crisis.
Como parte de la conmemoración de estos hechos, se impulsa la importancia de recordar y aprender del pasado. Esta reflexión invita a la sociedad actual a valorar el compromiso y sacrificio de aquellos que enfrentaron la epidemia con coraje y determinación.