Coimbra, Portugal. - Catarina Flores, hija del empresario Joao Flores, abre las puertas de la Quinta de Santo Amaro, una finca familiar del siglo XVI. Situada a 30 minutos de Coimbra, esta propiedad histórica ha sido el hogar de su familia durante ocho generaciones. La finca, construida por frailes, se encuentra rodeada de viñedos centenarios y árboles frutales.
Destacada en la industria de la hostelería, Catarina comparte su conexión emocional con la casa. Desde la infancia, sus recuerdos se entrelazan con la historia del lugar. "El punto alto del año era la vendimia, una tradición que aún se vive aquí", comenta. La finca ha sido un refugio familiar, donde la convivencia y los recuerdos han forjado la identidad de su linaje.
La historia de la Quinta de Santo Amaro se remonta a 1543. Originalmente fue un lugar de descanso para los frailes de Santa Clara de Coimbra. En 1878, pasó a ser propiedad de la familia Flores, lo que comenzó una tradición de mujeres al mando. Cada generación ha dejado su huella, y Catarina siente el peso y el orgullo de continuar este legado femenino.
Catarina encapsula el alma de la finca en su estilo decorativo. "No he comprado un mueble para esta casa. Cada pieza tiene una historia", explica. A medida que moderniza la propiedad, su objetivo es mantener la esencia familiar. La influencia de su madre y abuela vive en sus acciones diarias; practica la resolución de problemas y el disfrute de la vida.
El futuro de la finca se ve prometedor. Catarina busca innovar en la agricultura y bodega, lo que refleja su deseo de honrar el pasado mientras abraza el presente. La Quinta de Santo Amaro no es solo un lugar físico, sino un símbolo de unión familiar y resistencia a lo largo de los años.