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Crisis de violencia se repite en la Sierra de Guerrero

La violencia en la Sierra de Guerrero obliga a miles a huir nuevamente de sus hogares en un ciclo de terror que no cesa.

Más de mil 800 personas enfrentan nuevamente la amenaza del narco.
Militares escoltan la caravana de desplazados en Chichihualco durante el regreso a sus comunidades. La caravana fue atacada antes de llegar a la comunidad de Los Morros, el 17 de noviembre de 2018. Foto: José Luis de la Cruz / Proceso / Foto: Especial

Chichihualco, Guerrero. - La violencia en la Sierra de Guerrero se ha recrudecido, obligando a miles de familias a huir por segunda vez de sus hogares. Desde 2018, comunidades de esta región han sufrido desplazamientos forzados debido a las amenazas de grupos delictivos, y este año enfrentan nuevamente la violencia.

Las familias que habitan a dos mil metros sobre el nivel del mar, en 14 municipios, han tenido que abandonar sus hogares ante el temor de ser reclutadas por los criminales. La situación se tornó crítica cuando civiles armados comenzaron a amenazar a los habitantes, llevándolos a buscar refugio en otras localidades como Chichihualco, donde se han reunido más de mil 800 desplazados.

Un testimonio destaca el caso de Salo, quien dejó su comunidad con su familia, refugiándose en un espacio donde la paz parecía posible. Sin embargo, en junio de 2023, la violencia que trataba de evitar les encontró nuevamente. Los enfrentamientos en la zona han obligado a cerrar comercios y a restringir horarios de transporte, reflejando un ambiente de constante temor.

En Chichihualco, los enfrentamientos armados se han vuelto comunes, haciendo que las actividades diarias se cancelen anticipadamente. Los reportes de balaceras son incesantes, lo que ha llevado a la disminución de la actividad agrícola y comercial en la región. Los habitantes, atrapados entre el deseo de volver a sus tierras y el terror que las rodea, enfrentan una crisis humanitaria y de seguridad que no cesa.

A medida que las comunidades enfrentan estos desafíos, la esperanza de regresar a una vida normal se desvanece. Con la violencia aún presente, las autoridades locales deben buscar soluciones efectivas para proteger la vida y los derechos de quienes solo anhelan vivir en paz.

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